Nota Editorial: ¿Quién vigila a quienes deben hacer cumplir la ley?

La exponente urbana Yailin La Más Viral fue trasladada a la Oficina de Atención Permanente de Santo Domingo Este, donde se conocerá la solicitud de medida de coerción presentada por el Ministerio Público en su contra por presunto porte ilegal de arma de fuego.
Sin embargo, más allá del caso particular, surgen interrogantes que no pueden ser ignoradas. La Procuraduría General de la República debe investigar con seriedad qué motivó la actuación de agentes de la DICRIM al revisar el vehículo de una figura pública sin una orden judicial. ¿Actuaban conforme a la ley o respondiendo a intereses ajenos al debido proceso?
Resulta preocupante la percepción creciente de que sectores del Ministerio Público y de la Policía Nacional podrían estar operando al margen de sus funciones constitucionales. Cuando se permite que agentes del orden trabajen de manera irregular, se debilita la confianza ciudadana y se abre espacio a prácticas que favorecen al crimen organizado.
La Procuraduría, bajo la dirección de una magistrada con la experiencia y el compromiso institucional que se le reconoce, tiene el deber de mantener vigilancia estricta sobre fiscales y agentes policiales. No basta con actuar en casos mediáticos; es necesario enfrentar las denuncias sobre posibles vínculos entre autoridades y estructuras delictivas.
En distintas comunidades del país persisten señalamientos sobre la proliferación de puntos de droga que, según denuncias, operarían con complicidad de sectores policiales. Más alarmante aún es el temor de los ciudadanos, quienes aseguran que denunciar estos hechos puede poner en riesgo sus vidas.
Ante este panorama, urge una investigación profunda, transparente e independiente. Es imprescindible revisar actuaciones, comunicaciones y procedimientos para determinar si hubo abuso de poder o connivencia con intereses ilícitos.
El país necesita instituciones fuertes, confiables y comprometidas con la ley. La ciudadanía merece respuestas claras. Y, sobre todo, merece garantías de que quienes deben protegerla no están, en ningún caso, al servicio de la ilegalidad.




